Los niños inocentes murieron
por Cristo; ahora siguen al Cordero sin mancha a quien alaban cantando:
"Gloria a ti, Señor".
Innocéntes pro Christo infántes
occísi sunt, ipsum sequúntur Agnum sine mácula, et dicunt semper: Glória tibi, Dómine.
Oremos:
Dios nuestro, que concediste a los santos inocentes dar testimonio de Cristo,
no de palabra, sino con su sangre; concédenos, por su intercesión, testimoniar
con nuestra vida la fe que confesamos de palabra.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
La sangre de Cristo nos purifica de todo pecado
Lectura de la primera carta del
apóstol san Juan
1, 5-10; 2, 1-2
Queridos hermanos: Este es el
mensaje que le hemos oído a Jesucristo y les anunciamos: Dios es luz y no hay
en él oscuridad alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y andamos en
oscuridad, mentimos y no practicamos
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad
no habita en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, Dios, que es justo y
fiel, perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda maldad.
Si decimos que no hemos pecado, hacemos pasar a Dios por mentiroso, y su
palabra no habita en nosotros.
Hijos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca,
tenemos ante el Padre un abogado, Jesucristo, el Justo. El se ha entregado como
víctima por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino por los del
mundo entero.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 123, 2-3.4-5.7b-8
Hemos salvado la vida, como
un pájaro de la trampa del cazador.
Anima nostra sicut passer erépta
est de láqueo venántium.
Si el Señor no hubiera estado a
nuestro favor cuando nos atacaron los hombres, nos habrían devorado vivos en el
volcán de su ira.
Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
Anima nostra sicut passer erépta
est de láqueo venántium.
Nos habrían tragado las aguas,
un torrente habría pasado sobre nosotros; habrían pasado sobre nosotros las
aguas turbulentas.
Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
Anima nostra sicut passer erépta
est de láqueo venántium.
La red se rompió y pudimos
escapar. Nuestro auxilio es el Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador.
Anima nostra sicut passer erépta
est de láqueo venántium.
Aleluya, aleluya.
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza. A ti, Señor, te aclama la brillante multitud de los
mártires.
Te Deum laudámus, te Dóminum confitémur; te mártyrum candidátus laudat exércitus, Dómine.
Aleluya.
Herodes mandó matar a todos los niños en Belén
† Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
2, 13-18
Gloria a ti, Señor.
Después que los Magos se fueron, el
ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
"Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta
que yo te avise; porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".
José se levantó de noche, tomó al niño y a su madre, y partió hacia Egipto,
donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado
el Señor por el profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Entonces Herodes, viéndose burlado por los Magos, se enfureció tanto que mandó
matar a todos los niños de Belén y de todos sus alrededores que tuvieran menos
de dos años, conforme a la información que había recibido de los Magos. Así se
cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías:
Se ha escuchado en Ramá un clamor, un gran llanto y
lamento: es Raquel que llora por sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya
no existen.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Celebrante:
Imploremos, hermanos y hermanas, la misericordia del Señor en este día en que
recordamos la entrega generosa de la vida de los santos inocentes, y, confiados
en su intercesión, te pedimos por las necesidades de todos los seres humanos:
(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad).
Por la Iglesia, para que siempre
proclame con valentía el derecho humano a la vida, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por todos los que sufren violencia
y persecución por causa del Evangelio y de la justicia, para que, por
intercesión de los santos Inocentes, sean fortalecidos en la lucha contra toda
forma de mal, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por todos los que detentan alguna
forma de autoridad y poder, para que sepan ejercerlo al servicio de los seres
humanos, sobre todo de los más débiles e indefensos, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Por todos nosotros, para que, a semejanza
de los niños, consigamos acercarnos a Dios con las actitudes de sencillez y
disponibilidad requeridas por Cristo para entrar en el Reino de los cielos,
roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.
Celebrante:
Recibe, Señor, la oración de tu Iglesia, y, por la Encarnación de tu Hijo, que
quiso asumir la condición de niño desvalido y necesitado, a semejanza de los
mártires inocentes, recíbenos en tu reino de luz y de amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Acepta, Señor, los dones que te
presentamos con amor y, por este sacrificio de salvación con el que redimes aun
a los que no te conocen, purifícanos de nuestros pecados.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Cristo, luz del mundo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque gracias al misterio de la Palabra hecha carne, la luz de tu gloria
brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor, para que conociendo a Dios
visiblemente, él nos lleve al amor de lo invisible.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Estos fueron rescatados como
primicias de la humanidad para Dios y el Cordero; ellos son el cortejo del
Cordero adondequiera que vaya.
Hi empti sunt
ex homínibus, primítiae Deo
et Agno; hi sequúntur Agnum quocúmque íerit.
Oremos:
Haznos partícipes, Señor, de la plenitud de la salvación a los que hemos comido
a tu mesa en la fiesta de los Inocentes; ellos carecían del uso de la palabra
para confesar a tu Hijo; pero fueron, en cambio, coronados de gloria en virtud
del nacimiento de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.